Escuchando a Mozart, nos volveremos Einstein.
Estando embarazadísima de mi primera hija, asustada ante lo que se me venía
encima, eché mano de toda la literatura disponible para aprender a ser la madre
perfecta. Me empapaba de revistas como Ser Padres, Mi bebé y yo, Mama
& Bebé... con el afán de no dejarme nada, de saberlo todo. En un
momento determinado, oí hablar del "Efecto Mozart" y claro, allí que
me fui.
-Necesito unos auriculares para mi barriga, - le dije una mañana a mi
marido. Éste me miró frunciendo el cejo, luego miró mi más que prominente
barriga y suspiró.
- Tendremos que ir al zoológico, a ver si le sobran alguno de los que les
ponen a los elefantes- respondió lacónicamente.
Que Mozart fue un genio, no lo duda nadie. Ahora bien, que esa genialidad se transmita a través de los acordes de forma que, al oír su música, la plasticidad de nuestro cerebro permita que donde no había materia gris germine la sabiduría es
¿CIENCIA O CREENCIA?
Joannes Chrysostomus
Wolfgangus Theophilus Mozart. "Theofilus" es la forma de
decir, en griego clásico, amante de Dios. Al bautizarlo, latinizaron el nombre y lo transformaron en "Amadeus" y de ahí lo de Amadeo Mozart. Tal vez os venga a la mente la famosa cancioncilla "Amadeus, Amadeus" y por si os apetece escuchar una versión muy interesante os dejo el link al video. Aunque la versión en la que yo pienso es otra y un brillante ejemplo de lo locos que estábamos en los años 80...
Mientras escuchamos la música, indaguemos acerca del objeto de esta entrada.
En 1993 se publicó un artículo en la revista Nature(1), suscrito
por los investigadores Frances Rauscher, Gordon Shaw y Catherine Ky, en los que
se demostraba que niños en edad escolar mejoraban su razonamiento espacial durante
un periodo de unos quince minutos tras escuchar la sonata K448 del eminente
compositor. Años más tarde, un otorrinolaringólogo francés,
llamado Alfred Tomatis, publicó un libro llamado “Pourquoi Mozart?” (“¿Por qué
Mozart?”) en el que afirmaba que, basado en su experiencia, escuchar a Mozart
tenía efectos terapéuticos en el cerebro. Hoy en día, existe una red de
centros que imparten lo que se conoce por el "Método
Tomatis".
Sin embargo, quien se llevó el gato al agua fue el crítico musical Don
Campbell que escribió el Bestseller “El efecto Mozart" en 1997, donde
atribuyó a la música de Mozart propiedades beneficiosas. Después de la publicación, empezó a formarse un negocio en torno a recopilaciones musicales con supuestos
beneficios intelectuales, especialmente para niños, dado que Campbell también escribió el libro “El Efecto Mozart para niños”.
Mucho se ha debatido sobre los resultados del equipo de Rauscher. En
2001, la revista Journal of The Royal Society of Medicine publicó una
recapitulación respecto al Efecto Mozart realizado por el Dr. J. S. Jenkins, en
donde se confirma un efecto que no dura más de 12 minutos. Un meta-análisis de 16 estudios(2) concluye que no hay evidencias
de que escuchar a Mozart produzca un incremento en la inteligencia. Lo mismo
ocurre con una investigación realizada en 2010 por los científicos Jacob
Pietschnig, Voracek Martin y Anton K. Forman del Instituto de Investigación
Básica Psicológica de la Universidad de Viena, y publicada en la prestigiosa
revista Intelligence(3).
En resumen, no hay evidencia científica de que escuchar a Mozart nos vaya
a convertir en Einstein, lo cual no quita que hacerlo sea un placer. Te dejo
este VINCULO (esta vez sí, es el Mozart clásico) para que lo puedas comprobar por ti mismo; pero recuerda, lo de
que te haga más inteligente solo es una
CREENCIA.
Si quieres saber más, consulta los siguientes artículos.
(1) Rauscher,
F., Shaw, G. & Ky, C. Music and spatial task performance. Nature 365, 611
(1993).
(2) Chabris, C. Prelude or
requiem for the ‘Mozart effect?. Nature 400, 826–827
(1999). https://doi.org/10.1038/23608
(3) Pietsching, J., Martin,
A., Formann, K. Mozart effect- shmozart effect: a meta-analysis. Intelligence, 38, Issue 3, May-June 2010, 314-323

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