Para gustos, colores.
No voy a entrar a debatir si expresiones como "la cara es el espejo del alma" se pueden considerar ciertas o no aunque tradicionalmente se ha asociado la belleza física a la bondad de carácter y otros atributos intelectuales positivos. Ya desde tiempos de la Grecia clásica se usaba una palabra, kaloskagathos, para expresar esa idea.
Y es que el estudio de la belleza es una disciplina muy antigua. Desde que se tiene constancia, los griegos fueron los primeros en explorar la estética y definir este concepto. Como su cultura era antropocentrista, la representación de la figura humana debía seguir las reglas de proporción y armonía que ellos observaban en la naturaleza. Pusieron todo su interés en establecer reglas matemáticas en las proporciones que usaban para definir el cuerpo humano. A este conjunto de proporciones ideales se le llama canon (kanon) y se usaba la cabeza como base para la medida.
No todos los escultores tenían el mismo canon. Por ejemplo, para Policleto, el ideal de belleza eran 7 cabezas de altura y para Lisipo, su hombre guapo era algo más alto.
Las proporciones que usaron, sin embargo, no distaban mucho entre si:
ombligo-pies/ ombligo
cabeza= 4.2 / 2.8= 1.5
ombligo-pie/ombligo-cabeza= 4.5/ 2.8= 1.60
Esta proporción no es casual. Los griegos sabían que en la naturaleza existían muchos ejemplos que usaban esta relación aproximada en sus estructuras.
Sin embargo, fue siglos más tarde, durante el Renacentismo, cuando figuras tan importantes como Miguel Ángel o Leonardo da Vinci retomaron el uso de esa proporción, considerándolo el número dorado que aseguraba la belleza de sus composiciones artísticas. Como casi todo renacentista, no eran solo artistas sino también hombres de ciencias y conocían a la perfección la secuencia de Fibonacci.
Fibonacci, nacido como Leonardo de Pisa, fue un matemático italiano que describió una sucesión matemática muy interesante: si, comenzando desde el 1, le sumamos su número inmediatamente anterior, obtenemos el siguiente número de la serie. Es decir, al 1 le sumamos el 0 y obtenemos el 1. A ese 1 le sumamos el 1 anterior y obtenemos el 2. Al 2, le sumamos el 1 y obtenemos el 3...y así sucesivamente (de donde viene el término Sucesión)
Sucesión Fibonacci= 1,1,2,3,5,8,13,21,34,...
Lo interesante de esta serie de números es que, si se divide un número por el inmediatamente anterior, se obtiene una razón aproximadamente constante que se va afinando al avanzar en la serie y que cumple la siguiente ecuación: A/B = (A+B)/A.
¿Adivinas cuál es? Calcúlalo si te apetece, pero ya te lo digo yo: 1,6180... ¡Claro! La misma proporción que usaban los griegos para hacer tipos guapetones.
Este número se llama Phi, aunque mucha gente le conoce por el número de oro, la proporción áurea e incluso el número divino. Su presencia en la naturaleza, tal y como sabían los griegos, es innegable. El video producido por Cristóbal Vila me parece un maravilloso ejemplo de lo que se expone.
Ahora bien, ¿significa eso que para ser bello, necesariamente tiene que seguir la proporción áurea? He encontrado esta objeción que me ha parecido muy interesante.
Desde la psicología social se han llevado a cabo numerosos estudios intentando confirmar la existencia de ese patrón subconsciente colectivo.
Ya en 1961, un estudio llevado a cabo en Nueva York (1) determinó que un factor que actúa en la atracción entre dos personas es la similitud en la actitud o los valores.
En 2007, investigadores de la Universidad de Liverpool y del University College of London, publicaron un estudio (2) que sugiere que los atributos no físicos tiene un importante efecto en la percepción del atractivo físico.
En 2009, investigadores la Universidad de California y de Toronto hicieron un estudio para intentar averiguar si la máscara de Marquard era el patrón de belleza (3) descubriendo que había en efecto un patrón en las caras que elegían los participantes en el estudio, pero que no era la famosa proporción áurea.
En 2015, un revelador estudio llevado a cabo por la Dra. Laura Germine del Massachusetts General Hospital and Harvard University y el Dr. Jeremy Wilmer of Wellesley College (4), ha demostrado que la belleza está en el ojo del observador y que, ni siquiera hermanos gemelos coinciden al 100% en sus preferencias. Según explican estos investigadores aunque parece haber consistencia en que algunas características faciales embellecen (simetría, medianía...), el que una persona parezca más atractiva que otras depende de las experiencias personales del observador. Como resultado, existe un 50% de posibilidades de coincidir en que nos parezca bella una persona y un 50% de posibilidades de que no.
Eso explicaría el éxito de l@s modelos e Influencers, pero también explicaría porque mis amigas y yo nos podemos llevar toda la tarde discutiendo acerca de qué actor o actriz es más guap@.
Por lo tanto, lo que se nos ha dicho tan a menudo acerca de que "para gustos, colores" es una afirmación que ha sido demostrada por la
CIENCIA
¡Para que luego digan que el pueblo llano no sabe!
(1) Newcomb, T. M. (1961). The acquaintance process.
(2) Swami, V. ; Greven, C.; Furnham, A. (2007) More than just skin-deep? A pilot study integrating physical and non-physical factors in the perception of physical attractivenes. Personality and Individual Differences 42 (2007) 563–572



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